Introducción
El término greenwashing es una amalgama entre "green" (verde) y "whitewashing" (encubrimiento), y se refiere a la práctica de algunas empresas de presentar una imagen pública engañosa en cuanto a su impacto ambiental. En su búsqueda de mejorar la percepción pública, algunas organizaciones afirman ser más sostenibles de lo que realmente son, creando un abismo entre la imagen proyectada y la realidad. ¿Pero cómo afecta esto a la percepción del público y a la verdadera lucha contra el cambio climático?
Las promesas vacías de las aerolíneas
Las aerolíneas han sido señaladas recientemente por la Asociación Europea de Consumidores (BEUC) por exagerar sus prácticas medioambientales. De acuerdo con la denuncia, muchas prometen compensar las emisiones de CO2 mediante la inversión en proyectos ambientales como la reforestación, pero en la práctica, estas promesas no se cumplen o se quedan en el papel.
Denuncia contra las aerolíneas:
Se ha señalado a cerca de veinte aerolíneas europeas, incluyendo Lufthansa, Air France y Ryanair, por prometer usar combustibles limpios o compensar emisiones, sin demostrarlo.
La Comisión Europea ha iniciado una investigación para identificar hasta qué punto estas aerolíneas están exagerando o mintiendo sobre sus prácticas medioambientales.
El greenwashing y el social washing: Una doble fachada
Además del greenwashing, está presente el fenómeno conocido como social washing, que encubre prácticas laborales y sociales cuestionables. La Unión Europea intentó regular la importación de productos asociados con explotación infantil o esclavitud, pero la propuesta fue bloqueada por Francia, Alemania e Italia, lo que desvela una hipocresía preocupante en su lucha por los derechos humanos.
Puntos claves:
Francia, Alemania e Italia bloquearon una propuesta para prohibir la importación de productos asociados con explotación infantil o esclavitud.
Empresas europeas trasladan sus operaciones a países con regulaciones laborales laxas para maximizar beneficios, a costa de los derechos laborales.
Los coches eléctricos chinos: ¿Un dilema verde?
La industria automovilística europea también ha mirado con recelo la competencia de los coches eléctricos chinos, acusándolos de recibir ayudas estatales desleales. En 2023 la Comisión Europea lanzó una investigación para determinar si se están beneficiando de subsidios que infringen las normas comerciales.
La estrategia china:
Los fabricantes chinos como BYD, SAIC y GEELY apenas respondieron a las consultas de la Comisión Europea.
Los vehículos eléctricos chinos son producidos a bajo coste, en parte debido a prácticas laborales cuestionables y a subsidios estatales.
La respuesta europea:
La Comisión Europea ha establecido el 4 de julio como fecha límite para decidir si impondrá cuotas de importación o aranceles a los vehículos eléctricos chinos.
Se ha especulado que un arancel entre el 15% y el 30% podría no afectar significativamente a los fabricantes chinos, mientras que un 50% podría encarecer los precios.
Las consecuencias del greenwashing
El greenwashing no sólo distorsiona la percepción pública, sino que también socava los esfuerzos genuinos para combatir el cambio climático. Cuando una empresa finge ser más verde de lo que es, se crea una falsa sensación de seguridad en los consumidores.
Impacto en la percepción pública:
Los consumidores pueden sentirse engañados y perder la confianza en las empresas que practican greenwashing.
La desinformación puede desmotivar a los consumidores a tomar decisiones más ecológicas, al no saber en quién confiar.
Conclusión
El greenwashing es una amenaza para la integridad de los movimientos medioambientales y sociales. Las promesas vacías de sostenibilidad no deben pasar desapercibidas ni sin consecuencias. La Comisión Europea tiene en sus manos la responsabilidad de exigir cuentas a las aerolíneas, los fabricantes de vehículos y cualquier empresa que busque engañar al consumidor.